Al levantarme lo primero que pienso, es en ti, me es inevitable no hacerlo, penetraste mi alma y bajé mi guardia para perderme en ese abismo que es tú mirada.
No quiero otra sonrisa, otra risa, y mucho menos otra mirada. No quiero otra vuelta, otro afecto, ni otro abrazo que me dé la bienvenida y me proteja de todo el mal del mundo. No quiero otro beso, otro olor u otros dedos entrelazando los míos. No quiero otro amor, aparte del tuyo. No quiero a nadie más que a ti.